Marató de Barcelona 2015

El año pasado le perdí el respeto al maratón. No me lo tomé en serio, no entrené cómo debía, le di más importancia a la cantidad que a la calidad y el señor del mazo se encargó del resto. Porque si algo hay que tener claro es que el maratón siempre te pone en tu sitio. SIEMPRE.

Después de lo que pasó en Castellón tenía claro que algo debía cambiar. Lo sucedido este domingo es un ajuste de cuentas que tenía con el maratón. Con él y conmigo. Se lo debía. Me lo debía.

Empecé a entrenar el 23 de diciembre. Carreras continuas, farleks, algunas series y muchas tiradas largas. Todo esto unido a un cambio de hábitos alimentarios. Adiós a la bollería (sic), al patateo y picoteo (doble sic), a los refrescos y reducción en el consumo de lácteos. El resultado: casi 5 kg menos.

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El tema ampollas y rozaduras ya no era un problema porque de tanto estamparme ya sabía cómo remediarlo. El objetivo inicial era rebajar mi marca pero sobretodo afrontarla en buenas condiciones y no acabar arrastrándome como sucedió el año pasado. Pero en mi vida se han ido cruzando gracias al running una serie de personas maravillosas que son las que sin darte cuenta le van dando sentido a todo esto.

Personas como Carolina Areste, cuya gran carrera en Castellón sirvió para herir mi orgullo de corredor picón al superar mi marca y así espolearme. O como ese personaje que es Pere Rodríguez Rosell, que me llenó la cabeza de cantos de sirena con ese sub 3:30. O como Moisés Pérez Romero, por hacerme disfrutar del placer de ayudar a alguien a conseguir sus propias metas. O como…

Y entre entreno y entreno llegamos al día 15. Llego con la seguridad de haber hecho bien los deberes pero con la incerteza de si el objetivo no es demasiado ambicioso (Pera, te odio). Estamos la vieja cuadrilla de Asics: Toni Marín (mi hermano de batallas), Iván Vallejo Conejo (compañero de tiradas largas y vermuths), Eduardo Sola Bernal (el único Murciano de fiar) y Marta Runner (incombustible y siempre con una sonrisa en su cara).

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Salgo en un grupo de Corredors.cat acompañado de Eduardo, que lleva dos semanas nefastas por culpa de un resfriado, dispuestos a ir juntos hasta meta. Salimos perdiendo tiempo pero al llegar a Diagonal ya hemos recuperado lo perdido. Oigo que gritan“ESQUIMAAAL” y veo de pasada a Jesús Moreno. Me alegra enormemente verle. Sin darnos cuenta vamos acelerando el ritmo. Llegamos a la media en 1:42:42, con más de 2 minutos de margen y hace rato que he perdido a Eduardo de vista. Más tarde me entero de que iba un poco detrás de mí.

Hasta el 35 aguanto el ritmo que me marcan pero es demasiado para mí. Llevamos casi 5 minutos de margen y mis piernas dicen que así no pueden seguir y tengo que parar en seco. Consigo reordenar la cabeza y saco la calculadora. Sigo corriendo y aflojo el ritmo a 5:15.

En el avituallamiento me encuentro con Alberto Moreno que sale corriendo con un gel en la mano para ofrecérmelo. Me pregunta si voy en tiempo y me desea suerte. Un kilómetro más tarde es Judith Llavero Pardo la que sale corriendo a mi lado al verme. Va con un subidón que ya lo quisiera para mí en ese momento. Me da ánimos y me grita como cuando era mi entrenadora. Hay buenas costumbres que nunca se pierden.

Paso Arc de triomf y el objetivo es llegar sin parar hasta la catedral donde está el avituallamiento de Corredors.cat. Justo al llegar paro. Necesito refrescarme sin prisa porque el calor me está matando. Menos mal que dijeron que el día iba a ser nublado. Cris Huerga Martinez me da agua y se preocupa por mi estado, pero le digo que no se preocupe, que estoy bien.

1Enfilo Via Laietana y antes de llegar a Colon Eva Fontecha se desgañita dándome ánimos y me dice que apriete los dientes que viene el Paral•lel. Ay, el Paral•lel. Daría para escribir páginas enteras. Esos poco más de 2 kilómetros marcan la diferencia entre la euforia y la frustración. Por suerte el hombre del mazo solo me ha podido dar una pequeña tarascá y he podido irme de rositas.

Aprieto el culo y consigo mantener el ritmo. Paso antes del 42 frente a mi padre que está mirando a Cuenca. Me dejo la garganta gritando pero no se entera de nada. Este hombre no tiene arreglo. Y avisto a lo lejos la línea de meta. Que larga se hace la jodida recta final.

Enclavijo dientes, doy lo último que me queda y se acabó. 3:29:27.
Con el paso del tiempo descubres que lo importante no es llegar a meta sino el camino recorrido hasta cruzarla. Sensación de vacío y soledad absoluta. Hasta que me encuentro a los Bunicus. No pondré nombres porque no quisiera olvidarme a ninguno, sería un fallo que no me perdonaría.

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Se lo debía. Me lo debía. El maratón pasa. Las personas quedan.
Un sentido abrazo a todos.

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