Marató de Barcelona 2016

CABEZA FRÍA,…

…Pasé la peor noche previa de todas las maratones que he hecho hasta ahora. A la 1:30 de la madrugada me desperté entre sudores, con el estómago revuelto y náuseas. Los nervios me estaban jugando una mala pasada. Demasiada presión.
Hacía de liebre para Verònica en su primer maratón e intentaríamos ir a por las 4 horas. Mucha responsabilidad y a mi cabeza no hacían más que venir los recuerdos de mis rampas en Castellón y el miedo a fallarle. Por si fuera poco estaba también el tema de la camiseta.

Había quedado con Carolina y Vero en el metro. Nos dirigimos hacia las torres venecianas ya que allí nos esperaban Iván, Pere, Conxi, Moisés, Josep, David, Marta y Humberto. A Pere no llegué a verle en la salida. A Eduardo y Toni tampoco pero ellos hoy estaban en una misión especial.
Vamos hacia el guardarropa y a visitar al Señor Roca por última vez. En ese momento nos separamos y me quedo a solas con Vero. Vamos hacia el cajón y esperamos la salida. Vuelve a sonar el “Barcelona” de Montserrat Caballé y Freddie Mercury y como todos los años no puedo evitar emocionarme. Masca abre la carrera con la moto por delante de la élite.

Salimos según lo planeado a excepción de una imprevista parada técnica, con un ritmo constante de 5:25-5:30 y regulando en las subidas. En el metro Badal nos esperan Eva con sus pompones acompañada de Manuel. Todo va perfecto y Vero hace buena cara. En el avituallamiento del km7 nos esperan Marta, Laura, Claudia y Sílvia. Cuando las ves no puedes evitar acelerar y hay que frenarse. Seguimos y bajando por Urgell vemos a Vivins en lo alto de un banco de una parada de bus pegando saltos como una loca. De verdad que cuesta retenerse.

Llevo durante toda la carrera una botella de agua en la mano y le voy haciendo beber, me adelanto en los avituallamientos y le cojo el isotónico y trozos de plátano. Le voy diciendo cuando tomarse los geles y la pastilla de sales y voy dándole ánimos de vez en cuando diciéndole lo bien que lo está haciendo. Ella “sólo” tiene que preocuparse de correr a mi lado sin separarse, que dicho así parece muy fácil pero 42km son eso, 42km. En el cruce de Gran Via con Passeig de Gràcia nos espera Xavi para darnos ánimos. A los padres de Carol los vemos varias veces a lo largo del recorrido.

Al pasar el 25 bajo un puntito porque llevamos margen para ello y seguimos sin parar a buen ritmo. Vamos a llegar a Diagonal y eso significa que el núcleo duro de animación de los Bunicus nos espera. Ahí están con los pompones y el confeti para darnos aire Eva Gil, Joan, Eva Roca, Marta, Laura, Claudia, Silvia, Masdeu, Manuel, Carmen y Anita a los que se les ha unido Edgar, un pedazo crack. Y con el letrero de Bunicus está Cristina, la persona a la llevo esperando ver desde que crucé el arco de salida y que me dará fuerzas para llegar a la meta. El muro no está ni se le espera.

En el 35 nos espera Humberto al que choco la mano. Vero empieza a ir justa y me echa la bronca. Dice que normalmente no me callo ni debajo del agua y hoy no suelto prenda. Llevo demasiado tiempo corriendo solo y no estoy acostumbrado a hablar en carrera. Empiezo a darle ánimos, a decirle lo bien que lo está haciendo, que lo va a conseguir a lo grande. Empezamos a ver a gente que ha venido a animarla y eso la ayuda mucho. Vamos tan concentrados en el final que hasta el 39 no nos damos cuenta de que se nos ha olvidado tomarnos el último “sugus”. Por si acaso nos lo comemos.

Llegamos al 40, el Paral·lel, dónde están los “walking dead”. Entonces ella me recuerda las muchas veces que hemos pasado entrenando por ese punto exacto, que yo para darle ánimos le decía que llegaríamos de puta madre y empezaríamos a adelantar gente a lo loco porque habíamos entrenado muy bien estos últimos tres meses, y que se ha acabado cumpliendo como le prometí. Me dice lo mucho que me quiere, que soy como un hermano para ella y nos ponemos a llorar como unos idiotas. Le digo que no ande “jodiendo” que no me quiero pasar los siguientes dos kilómetros llorando.

Nos secamos las lágrimas, pegamos un cambio de ritmo y hacemos un último kilómetro de ensueño cepillándonos a todo bicho viviente al que damos caza. Nos cogemos de la mano, levantamos los brazos y cruzamos meta en 3:56:55. En ese momento nos fundimos en un abrazo que recordaremos el resto de nuestra vida. Ni una sola lágrima. Qué curioso llegar a ser el ser humano. Pensaba que íbamos a tener el berrinche de nuestra vida.

Han hecho falta 9 maratones y correr con esta responsabilidad a mis espaldas para hacer la carrera de una maldita vez sin parar de correr desde la salida hasta la meta. Ahora sí que me he sacado la gran espina que tenía con los maratones. A pesar de haber corrido media hora más rápido el año pasado tengo la certeza de que el maratón de ayer ha sido mi mejor carrera sin lugar a dudas. Control absoluto de la situación, de los ritmos y del tempo de la carrera. Definitivamente en la maratón la experiencia es un grado.

Veo a mis padres que siempre están ahí, esperándome cuando cruzo la meta de las grandes citas. Las primeras veces sufrían mucho. Ahora mi padre quiere hacerse una foto, orgulloso de su único hijo. Piel de gallina.

Nos vamos juntado con todos los Bunicus conforme vamos llegando al punto de reunión. Abrazos, besos, sonrisas, lágrimas, cava…y allí está ella, con el cartel de Bunicus que le cedí en custodia junto a la medalla de la media maratón hasta que todo haya pasado. Viene directa hacía mi y nos abrazamos. El mundo se detiene…

…CORAZÓN CALIENTE

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